sábado, 23 de junio de 2018

Entrevista sobre el oficio de correctora de textos

Diana Margarita Sorgato, traductora de español a portugués, ha tenido la amabilidad de hacerme una entrevista para su blog Tradutora de Espanhol. En ella podréis saber más sobre mi oficio de correctora de textos. Clicad aquí si queréis leerla completa en su blog.

Antes de todo, muchísimas gracias por aceptar concedernos la entrevista. Dudamos mucho que ser correctora formara parte de tus sueños de infancia, ya que la mayor parte de los niños le tiene repelús a la gramática. ¿Cómo llegaste a ser correctora? Cuéntanos un poco tu trayectoria.

Manuela. De niña me encantaba leer y escribir, aunque entonces no sabía que existían los correctores de textos profesionales. Disfrutaba con los dictados, las redacciones y las clases de literatura. Siempre me ha apasionado la lengua y sus laberintos y la he estudiado de forma autodidacta. En 2002 me apunté a mi primer taller literario. Como se me daba bien la ortografía y la gramática, mis compañeros y amigos me pedían que revisara sus escritos. Poco a poco, mi afición a las letras fue dando paso a mi oficio de correctora. Me formé en corrección y redacción, fui reuniendo los diccionarios y manuales que necesitaba para estudiar y ejercer el oficio, hice bastantes prácticas en una revista, creé el blog y después empecé a trabajar corrigiendo textos. Y sigo estudiando nuestra lengua, porque está viva y debemos actualizarnos. Nunca se deja de aprender.


Ya que mencionamos el «repelús», en tu opinión, ¿a qué se debe esa aversión que los estudiantes y los hablantes en general sienten hacia la gramática?

Manuela. Quizá se deba al esfuerzo que les supone estudiarla porque les resulta complicada. Con frecuencia, los libros de gramática tienen un léxico de difícil comprensión. Suele ocurrir que desde pequeños no le encontramos sentido; por eso la aprendemos de memoria, sin entenderla. La gramática no es sencilla, pero puede explicarse de una forma más comprensible para que los estudiantes no la teman ni la rechacen.

Desde tu posición como correctora profesional y como hablante, explícanos para qué sirven las normas y el estilo. ¿No sería más fácil si cada uno se expresara a su manera?

Manuela. Las normas ortográficas sirven para que los hispanohablantes nos entendamos, aunque seamos de distintos países. En cada país existen unos criterios fonéticos y se habla de un modo diferente; sin embargo, la ortografía debe ser la misma para que no haya problemas de comprensión ni comunicación entre nosotros. El estilo, propio de cada persona, es la forma en la que nos expresamos en determinados contextos. Cada tipo de texto requiere un registro distinto. No es lo mismo escribir una carta a un amigo, donde se emplea un lenguaje coloquial, que elaborar un artículo académico o un texto literario. Pero todos los escritos deben ser claros y guardar la coherencia interna, también con respecto a unas formas convencionales de usar la lengua, que nos vienen dadas socialmente; de lo contrario, el destinatario puede tener problemas para entenderlos como es debido. Cada cual ha de expresarse a su manera, según su competencia y sus preferencias, pero guardando unas reglas, acordes con el tipo de texto en cuestión y el público al que va dirigido. Además, el lenguaje oral y el escrito son registros distintos, con unas normas de estilo propias y una estructura determinada, y hay que diferenciarlos.

También existen los manuales de estilo, que usan las editoriales, periódicos o cualquier institución para que sus textos cumplan unos requisitos. Estos libros de estilo recogen unas normas que reflejan unas preferencias con respecto a los usos y que deben aplicarse en los textos para unificar criterios.


Perdona si te apretamos un poco con preguntas más polémicas, pero ¿qué dirías a quienes afirman que la lengua culta es un instrumento de poder y de segregación que sirve para marcar las diferencias de clases sociales?

Manuela. En mi opinión, la lengua sí puede ser un instrumento de poder. Los discursos se relacionan con el control sutil que se ejerce sobre determinados grupos de personas para persuadirlas. La sociedad y el entorno tienen un papel importante en la adquisición de la cultura, aunque creo que la lengua culta ha dejado de ser patrimonio exclusivo de una clase social. Hace unas décadas, en España muchas personas no tenían la posibilidad de comprar un libro ni de escuchar la radio, con lo cual tampoco tenían acceso a la cultura ni podían mejorar o ampliar sus capacidades expresivas en muchos ámbitos. Incluso apenas llegaban a aprender a leer y escribir, porque debían trabajar desde niños y estudiaban poco tiempo en la escuela. Hoy en día, en cambio, hay numerosas vías de aprendizaje que antes eran impensables. La cultura se ha generalizado y muchas de las barreras que había antaño ya no existen.

Vivimos en una época en la que los valores se han relativizado en bastantes contextos. La manera de hablar y escribir no tiene una importancia tan relevante como pudo tener en el pasado, pero creo que la forma en que usamos la lengua sigue teniendo connotaciones sociales y culturales. Así pues, usar bien nuestra lengua es un valor que conviene cultivar para poder progresar socialmente.


Ahora, para que te relajes, una pregunta más agradable: ¿qué es lo que más te gusta de tu trabajo y qué clase de textos prefieres corregir?

Manuela. En este oficio se aprende sobre bastantes temas, y eso es una suerte porque permite adquirir cultura. Me gusta ayudar a los autores para que sus textos luzcan pulidos, comprobar que valoran mi trabajo y ver que están contentos con el resultado.

Prefiero corregir literatura; en especial, poesía, que me apasiona. También disfruto corrigiendo cuentos infantiles.

¿Cuáles son las cualidades indispensables para ser un buen corrector?

Manuela. Desde mi punto de vista, un buen corrector no debe dar nada por supuesto, porque casi nada es descabellado en gramática. Debe dudar, cuestionar el texto, pues permite detectar el error y lleva a consultar las obras de referencia. Debe ser detallista y saber en qué fuentes consultar sus dudas. El oficio de corrector requiere estudio, reflexión y concentración. También, tener un ojo perito y riguroso para que no se le escapen los errores, un gran conocimiento de la lengua y la tipografía españolas, además de cultura general, y ser flexible a la hora de aplicar las normas dependiendo del uso y del contexto. Asimismo, es necesario que conozca cómo funciona el proceso editorial, que tenga la capacidad de identificar las necesidades específicas de las personas con las que trabaja y que sea paciente.

¿Corriges solamente originales o también traducciones? ¿Qué supone un desafío mayor para ti y por qué?

Manuela. Corrijo originales y traducciones, sobre todo de cuentos infantiles, que son deliciosos. Los textos originales, que me llegan directamente del autor sin haber pasado por ningún filtro, necesitan una intervención, tanto ortotipográfica como de estilo, más profunda que las traducciones. Para mí, el trabajo de limpiar o adecuar los textos originales es bastante más costoso que corregir las traducciones, aunque estas también pueden presentar problemas específicos a veces complicados.


En cuanto a la tecnología, sobre todo a los correctores automáticos, ¿los consideras aliados o enemigos?

Manuela. El corrector automático no es el enemigo, puede facilitar el trabajo, pero nunca podrá reemplazar a la figura del corrector profesional. Las máquinas no son capaces de detectar muchos errores, que solo un corrector humano puede ver. Hoy en día, los ordenadores tienen programas que corrigen un poco la ortografía, pero siguen teniendo importantes problemas para distinguir, por ejemplo, las palabras homófonas (las que tienen el mismo sonido pero distinto significado), como vaya/valla/baya, haya/halla/aya, echo/hecho; o las palabras que se escriben con tilde diacrítica, como tu/tú, si/sí, que/qué, como/cómo. Tampoco ofrecen mucha ayuda sobre dónde es correcto poner una coma, un punto, dos puntos, unas comillas o una raya. Y, por supuesto, ninguna máquina es capaz de corregir el estilo de forma global ni contextualizada, ni adecuar un texto a las necesidades expresivas y comunicativas de sus usuarios.

Aquí en Brasil, y supongo que en España también, la publicidad emplea un lenguaje de estilo muy informal, familiar, con muchos neologismos y extranjerismos e incluso con transgresiones a la norma. ¿Qué opinas al respecto?

Manuela. El lenguaje publicitario tiene sus propios rasgos lingüísticos para que este tipo de comunicación sea efectiva. Los textos publicitarios buscan llamar la atención del público de una forma original o sorprendente para atraerlo a determinado producto. Para lograr esto, suele sintetizar los conceptos, emplear un lenguaje informal, usar extranjerismos de moda, figuras retóricas, expresiones populares... Sí, puede que también se aparte de la gramática normativa o rompa alguna regla ortográfica. No obstante, para que la publicidad tenga credibilidad deben respetarse ciertas normas básicas que regulan la comunicación, porque si no se corre el riesgo de que el público objetivo no se entere de la información que se le ofrece. Es admisible que este tipo de lenguaje se salte determinadas normas, siempre que los responsables del texto sepan que se las están saltando y por qué.


En tu opinión, ¿cuál es el límite de intervención del corrector en el texto?

Manuela. 
Depende del tipo de corrección que le encarguen, de las propias necesidades del texto y de lo que haya pactado con el cliente. Esto hay que tenerlo claro desde el principio, ya que los límites pueden ser dudosos. En la corrección de estilo, el corrector siempre ha de respetar, en la medida de lo posible, la voz del autor y no debe modificar el contenido del texto sin su consentimiento. Nunca corregirá imponiendo su gusto, sino que velará por la aplicación adecuada de las convenciones y usos generales del idioma con correcciones necesarias y justificables, teniendo en cuenta el género del texto y el lector al que va destinado. Puede ofrecer alternativas al autor, para que el texto resulte más comprensible o elegante, con propuestas, no con correcciones directas, a no ser que cuente con el consentimiento del autor. El corrector ha de mejorar el texto hasta los límites que se hayan acordado o hasta donde sea razonable en cada momento, pero no modificar lo que es correcto o adecuado si no hay una razón para hacerlo. Si el texto en cuestión tiene problemas importantes generalizados en su redacción o en la disposición de sus contenidos, ya no se trataría de un trabajo de corrección, sino de reescritura, o incluso de coautoría. Esta tarea puede llevarla a cabo el corrector si se la encargan y si se dan las circunstancias para asumirla, comenzando por la propia capacidad del corrector; por eso debe estar bien definida para evitar malentendidos.


Manuela, muchas gracias por tu disposición. Te deseamos mucho éxito y, para terminar, te pedimos que nos dejes cinco claves para escribir mejor.

Encantada, Diana. Gracias a ti por contar conmigo.

Para escribir bien, antes hay que aprender a leer con atención, comprendiendo y analizando lo que se lee. Es buena idea tomar distancia del texto, dejarlo reposar y después releerlo varias veces para poder detectar los errores. Hay que asegurarse de que los términos se manejan con propiedad; por ejemplo, usar el verbo o el adjetivo preciso en cada contexto, que aporte los matices necesarios. No abusar de los adjetivos, pues recargan el texto en exceso. En general, no repetir palabras significativas, expresiones ni ideas. Aprender a utilizar correctamente los gerundios o limitar mucho su uso. Evitar la mayor parte de los adverbios que terminan en -mente (son palabras demasiado largas y propensas a la rima). Tener cuidado con el orden de los elementos en las oraciones para que puedan entenderse con claridad. También, con las cacofonías (sonidos desagradables que resultan de la mala combinación de las palabras), porque producen ecos e impiden al lector centrarse en el texto. Eliminar las muletillas, las frases hechas y los lugares comunes, ya que se asocian con la falta de creatividad narrativa. Uy, ya he dicho más de cinco…

Gracias especiales a Diego Ibáñez Rivera por la revisión de esta entrevista.

Las viñetas de esta entrada pertenecen a mi admirado Forges.

miércoles, 14 de marzo de 2018

El prefijo ‘super-’ y la palabra ‘súper’ (actualización)

Con mucha frecuencia veo mal escrito el prefijo super-, así que vamos a ver cómo podemos distinguirlo de la palabra súper. El guion pospuesto a los prefijos, en este caso a super-, se usa en el ámbito de la lingüística para indicar que no es una palabra, sino un elemento sin autonomía que debe unirse (por delante) a un término o a una raíz para formar una nueva palabra.

Super- es un prefijo que se escribe unido al término al que acompaña y sin tilde (los prefijos nunca llevan tilde). Según el Diccionario de la lengua española (DLE), significa ‘encima de’, ‘preeminencia’ o ‘excelencia’, ‘en grado sumo’ o ‘exceso’.

Este prefijo tan majo no entiende por qué lo maltratan quienes lo escriben separado de la palabra a la que antecede, o le colocan una tilde o un guion, pues él se porta bien y sigue las mismas normas que otros prefijos:

1. Se escribe unido a la palabra a la que acompaña si la base es univerbal, es decir, si está formada por una palabra: superfemenino, superavanzado, supermujer, superordenador, superrápido, superbién, superlisto, superinteresante.

2. Se escribe separado del término al que afecta si la base es pluriverbal, esto es, si está constituida por varias palabras con un significado unitario: super a gusto, super en forma, super de moda, super primera dama.

3. Solo se escribe con guion cuando aparece junto a una palabra que empieza con mayúscula o si antecede a una sigla o a una cifra; por ejemplo: super-Lobezno, super-FBI, super-8. Recordad que, en general, nuestro sistema ortográfico tiende a rechazar las letras mayúsculas dentro de una palabra; por eso usamos el guion.

4. Si agregamos el prefijo super- a un nombre propio para formar un nuevo nombre, debemos escribirlo unido y con mayúscula inicial: Superlópez, ya que la mayúscula del nombre pasa al prefijo.

5. Cuando en una palabra se repite el prefijo super- o se une a otro prefijo, estos van soldados entre sí y a la palabra a la que anteceden: supersuperfeliz, supersuperatractivo, superhipermegasede.

Si lo añadimos a una palabra que empieza con erre, se mantienen las dos erres: superrápido. Y si lo unimos a un monosílabo que no lleva tilde, como bien, obtendremos una palabra aguda que termina en ene; por lo tanto, debe llevar tilde: superbién (*súper bien es incorrecto).

Más difícil todavía: cuando escribimos el prefijo super- unido a un extranjerismo crudo (palabra de otro idioma que no está adaptada al español) cuya base es univerbal, ¿cuál es la escritura adecuada? En la RAE han resuelto que lo correcto es escribirlo junto y en cursiva; por ejemplo, superwonderbra (nombre común), supercool, superheavy. Los prefijos que acompañan a los extranjerismos no cambian la forma de estos, así que debemos escribir en cursiva toda la palabra. Si escribimos Wonderbra con mayúscula inicial, que es el nombre propio de la marca, debemos usar el guion: super-Wonderbra.
Cada lengua tiene sus propias reglas ortográficas y es imposible que puedan aplicarse todas en nuestro idioma. Es decir, no podemos emplear un extranjerismo francés con un prefijo español y aplicar las reglas francesas para la prefijación; lo mismo ocurre si usamos un extranjerismo inglés, italiano, portugués, alemán, etc. Como podemos ver en el ejemplo de la Academia, cualquier prefijo español puede anteponerse a un extranjerismo, aunque la palabra resultante no coincida con la de la lengua original. Por tanto, para que resulte más sencillo y se mantenga la coherencia, la prefijación en español debe ajustarse a nuestras normas ortográficas.

Súper, con tilde, no es un prefijo, sino una palabra independiente:

1. Equivale a supermercado; es su acortamiento coloquial: Hay bastantes ofertas en el súper de enfrente; Los súper de mi ciudad son algo caros.

2. Es el nombre de un tipo de gasolina: La súper ha subido este mes.

3. También puede ser un adjetivo que, de manera coloquial, significa ‘estupendo, magnífico o superior’: Es un amigo súper.

4. O un adverbio que significa ‘muy bien, estupendamente’: Lo pasé súper con Marta.

Acabo con la célebre frase de Superratón, uno de los dibujos animados de mi infancia: «Adiós, amigos, y no olviden supervitaminarse y mineralizarse».

lunes, 4 de diciembre de 2017

Mayúsculas y minúsculas en documentos administrativos y jurídicos

El estilo de la escritura en el sector jurídico-administrativo es uno de los más afectados por el uso indebido de las mayúsculas. Así, con frecuencia podemos encontrarnos con textos invadidos por ellas, en los cuales no parece que se siga norma alguna al usarlas.

Para analizar el uso de las mayúsculas y las minúsculas en algunos de los términos más empleados en el campo jurídico-administrativo, partiré de que este uso es uno de los temas más complejos en el ámbito de la ortografía. Las normas de las mayúsculas y las minúsculas en español están sujetas a tantas variantes posibles que en muchos casos no existe un único criterio válido para establecer la frontera entre la mayúscula y la minúscula en palabras dentro del mismo contexto.

A continuación se citan unos cuantos términos que son genéricos y específicos al mismo tiempo. Así pues, el asunto se complica cuando se tienen argumentos para escribir de los dos modos estas palabras. En casos concretos, debe dejarse clara la diferenciación para poder distinguir entre una clase de palabras y otra, como los nombres propios y los comunes. Para facilitar su lectura, es necesario que estos textos guarden coherencia en este aspecto ortográfico y se unifiquen criterios en cada documento.

Derecho
  • Minúscula. Si se usa para referirse a ámbitos del derecho en general: el derecho laboral, el derecho internacional, el derecho mercantil, el derecho de asilo, el derecho de pernada. Está muy extendido el uso de las mayúsculas iniciales en la expresión los derechos humanos, pero es un sustantivo común que debe escribirse con minúscula inicial.
  • Mayúscula. Cuando nos referimos a asignaturas, materias de estudio, cátedras, facultades, etc., generalmente en contextos académicos o curriculares: Soy licenciado en Derecho; Estudio Derecho Francés. Cuando forma parte del nombre de un departamento, una facultad, un organismo, un documento oficial o histórico, etc.: la Facultad de Derecho, la Asociación Española de Derecho de la Propiedad Intelectual, la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Justicia
  • Minúscula. Si se usa de modo genérico: la justicia penal, la justicia militar, la justicia distributiva, la justicia poética, administrar justicia, pedir justicia.
  • Mayúscula. Cuando forma parte del nombre propio de una institución judicial: la Administración de Justicia, el Ministerio de Justicia, el Tribunal Europeo de Justicia. Cuando es la forma abreviada de nombrar al Ministerio de Justicia o a la institución judicial: Justicia e Interior trabajan juntos; La Justicia española solicitó la extradición del traficante.

Tribunal, juzgado, audiencia
  • Minúscula. Si se usa de forma genérica: Tengo que acudir al tribunal médico; El juzgado es aquel edificio; Las audiencias provinciales son tribunales de justicia. Cuando no forma parte del nombre propio de una institución: el tribunal de casación, el tribunal colegiado, el tribunal de honor, el juzgado de paz, el juzgado de provincia, el juzgado de guardia.
  • Mayúscula. Cuando forma parte del nombre propio de un organismo concreto o de su sede: el Tribunal de Cuentas, el Tribunal Tutelar de Menores, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, el Juzgado de Primera Instancia, el Juzgado de Instrucción n.º 6 de Valladolid, el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo, la Audiencia Nacional, la Audiencia Provincial de Salamanca. Si se menciona de forma abreviada a la Audiencia Nacional: La jueza de la Audiencia instruyó el caso por terrorismo.

Corte
        En algunos países de América llaman Corte a lo que en España se denomina Tribunal; por lo tanto, seguirá las mismas normas que Tribunal: la Corte Suprema.

Ministerio
  • Minúscula. Cuando se emplea como un nombre común y no se refiere a una institución: Hablaremos cuando salga del ministerio. También es un nombre común si nos referimos a un cargo, empleo, oficio u ocupación: el ministerio sacerdotal, o al tiempo que dura el ejercicio de ministro: Durante su ministerio descendió el número de parados. En denominaciones completas y específicas de dos o más organismos: Los ministerios de Hacienda y Economía estudian la viabilidad de las pensiones. Si no se tiene la seguridad de cuál es su denominación específica: Los ministerios de defensa de los cinco países llegaron a un nuevo acuerdo.
  • Mayúscula. Cuando se refiere al nombre de un departamento o área de un Gobierno: el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, el Ministerio de Empleo y Seguridad Social, el Ministerio de Interior.

Organismos públicos, instituciones, sociedades, asociaciones, departamentos
  • Minúscula. Cuando no forma parte del nombre propio de una entidad, sino que se usa de modo genérico: Trabajo en el departamento de ventas; Soy socia de la organización Médicos Sin Fronteras; La asociación de correctores UniCo trabaja para dar a conocer la profesión. En algunos países de América, departamento equivale a 'provincia': el departamento de Putumayo (Colombia).
  • Mayúscula. En todas las palabras importantes que forman parte de los nombres oficiales de entidades, secciones administrativas, organismos, instituciones, divisiones territoriales, establecimientos, organizaciones, asociaciones, etc.: el Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibilidad, la Asociación Española de Traductores, Correctores e Intérpretes, la Sociedad Peruana de Cardiología, la Diputación Provincial de León, la Administración General del Estado, el Centro Nacional de Inteligencia, el Instituto de Geología de México, la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, la Agencia Española de Protección de Datos, la Juventud Vanguardista Costarricense, la Organización Mundial de la Salud.

Órganos de una sociedad: Consejo de Administración, Asamblea General, Junta General
  • Minúscula. Si se utiliza de modo genérico para designar una reunión o evento: El consejo de administración en la sociedad actual; Se celebró una asamblea general de accionistas; Se reunieron en una junta general.
  • Mayúscula. Cuando se refiere a un órgano de gobierno colectivo de una entidad pública o privada o se emplea como un nombre propio que no admite otra denominación: La decisión final recae en el Consejo de Administración de la empresa; La Asamblea General de la Universidad de Salamanca; El presidente de la Junta General dio un discurso.

Nombres de títulos y cargos
  • Minúscula. Por razones de solemnidad y respeto, en muchos contextos del lenguaje jurídico, administrativo y empresarial sigue manteniéndose la mayúscula inicial en los nombres de cargos o títulos de cierta relevancia, sobre todo en los encabezamientos y pies de firma de las cartas y comunicados. Sin embargo, son nombres comunes que deben escribirse con minúscula inicial, vayan solos o acompañando al nombre al que se refieren: presidente del Gobierno, jefe del Estado, ministra, delegado, director, rectora, secretario general, diputada, senador, consejera, concejal, jueza, magistrado, alcalde, notario.
  • Mayúscula. Es obligatoria en las abreviaturas de los títulos o cargos: D./Dña. o D.ª (don/doña); Sr./Sra., también, Sr.ª o S.ª (señor/señora); Pdte./Pdta. (presidente/a); S.ª (señoría); Ilmo./Ilma. (ilustrísimo/a), Mtro./Mtra. (ministro/a). No debe olvidarse el punto abreviativo, la marca que señala que falta parte de la palabra.

Leyes, códigos, decretos, tratados, convenciones, órdenes, declaraciones
  • Mayúscula. En todos los elementos significativos del título (sustantivos, adjetivos y verbos): la Ley para la Ordenación General del Sistema Educativo, el Código Civil, el Real Decreto 122/1999, el Tratado de Maastricht, la Convención de Ginebra, la Real Orden, la Declaración Universal de los Derechos del Niño.

Cuando la descripción que conforma el título de la ley es demasiado extensa, solo se escribe en mayúscula el primer elemento: Ley 14/2017, de 6 de octubre, por el que se aprueba la reactivación extraordinaria y por tiempo limitado del programa de recualificación profesional de las personas que agoten su protección por desempleo. En este caso, en el que se prescinde de las mayúsculas en todas las palabras representativas, suelen usarse las comillas o la cursiva para delimitar la extensión del título.

Términos que se escriben enteramente en mayúsculas


Las mayúsculas aplicadas a todas las letras de una palabra o expresión también sirven para destacar o subrayar elementos dentro de un documento. Estas mayúsculas facilitan la lectura de los textos informativos cortos. Suelen verse en estos casos:
  • Los verbos que expresan finalidad o introducen las partes esenciales de un documento, como certifica, expone, solicita, considerando, desestimamos, etc. El texto que sigue a estos verbos se escribe en línea aparte:
               SOLICITA:
               Que mediante este escrito le sea aceptada y tramitada su renuncia al cargo de                                 concejala.
  • Los números ordinales que ordenan los antecedentes o los fundamentos:
                Antecedentes
                PRIMERO.- La parte dispositiva de la resolución…
                SEGUNDO.- Contra la anterior resolución…
                TERCERO.- En la tramitación del juicio…
  • Los términos en los que se cita breve y repetidamente a las partes intervinientes en un documento:
                La Universidad Autónoma de Barcelona, en adelante, la UNIVERSIDAD…
                D. Álvaro López Sanz, en adelante, el DEMANDANTE…
  • En textos informativos, las oraciones que manifiestan el contenido principal del escrito:
                PROHIBIDO DEPOSITAR BASURAS EN TODO EL TÉRMINO MUNICIPAL.
  • Términos como aviso, nota, advertencia, etc., cuando introducen un texto de forma autónoma:
                AVISO: El pago de recibos se efectuará los lunes.

Conviene destacar que existe la falsa creencia de que la tilde no es obligatoria en las mayúsculas. Excepto en el caso de las siglas, que nunca se tildan, las mayúsculas llevan tilde siempre que la palabra lo requiera, conforme a las normas generales de acentuación.

Bibliografía

Ortografía de la lengua española (Espasa, 2010).
Diccionario de la lengua española en línea.
Libro de estilo de la Justicia, de la Real Academia Española (Espasa, 2017).
Diccionario de uso de las mayúsculas y minúsculas, de José Martínez de Sousa (Trea, 2010).

Mi agradecimiento a Diego Ibáñez Rivera por su generosidad y maestría en la exhaustiva revisión de este artículo.

domingo, 26 de marzo de 2017

Corrección de poesía


En el número diez de la revista Deleátur (clicar para leer el artículo completo; página 44), de la Unión de Correctores (UniCo), se ha publicado mi artículo sobre la corrección de poesía. Desde aquí doy las gracias a la revista y a quienes colaboraron conmigo: Eduardo Fraile, Belén Artuñedo, Mar Sancho y Julio F. Alcalá. También agradezco a Rosa Iglesias y Diego Ibáñez, estupendos compañeros de profesión, que revisaran el artículo.


¿Cómo se enfoca la corrección de poesía?

Corregir poesía no es cosa de atrevidos o insensatos. Los correctores de este género literario no somos espíritus elementales ni tenemos el alma en pena vagando por las esquinas del idioma. Para corregirla bien solo hay que saber interpretar las imágenes efectistas que el poeta proyecta en su texto. Tampoco creo que sea fundamental saber escribir poesía para corregirla, pero sí conviene haberse empapado de ella leyendo a los grandes y a los que no lo son tanto.

La poesía empezó a importarme cuando era muy pequeña y mi interés por ella fue creciendo conmigo. Cuando empecé a corregir de forma profesional, en 2009, contaba con un bagaje lector de obras poéticas bastante amplio. Tuve la suerte de estrenarme corrigiendo el poemario de una autora con un buen manejo de los recursos poéticos. Me inicié en este campo porque me lo pidieron, así que la corrección de poesía me buscó a mí, no yo a ella.

Algunos dicen que corregir poesía es difícil, pero quizá sea exagerado. Desde mi punto de vista, no lo es más que abordar cualquier otro tipo de texto literario. Corregir bien, en general, sabemos que no es tarea fácil. La dificultad que puede suponer trabajar con textos poéticos se salva con pasión y respeto hacia el género. Si a un corrector le apasiona la poesía, tendrá más posibilidades de enfrentarse a su labor con éxito. No es imprescindible tener una sensibilidad fuera de lo normal ni entablar una relación sentimental con el poema; pero, en mi opinión, sí se tiene que estar dotado de cierta sensibilidad para corregirlo bien. Hay que estar muy atento a la música, a la métrica y al ritmo, aunque, de distinta forma, esto último también es preciso en la corrección de la prosa poética y la narrativa.

La poesía no es un género tan minoritario como se empeñan en decirnos; sin embargo, muchos optan por autopublicarse, ya que las editoriales solo suelen apostar por autores consagrados. Es frecuente que los poemarios de autores noveles necesiten una corrección más profunda, que exige tener mucho cuidado para no pasarse con el maquillaje. Corrijo, sobre todo, las faltas de ortografía, las conjugaciones verbales incorrectas, las faltas de concordancia, el mal uso y el abuso de los posesivos, la falta o el exceso de los signos de puntuación, las comas criminales y la mayusculitis. Llamo la atención sobre los problemas de construcción del poema, como el uso de metáforas incoherentes o figuras retóricas mal empleadas, y cualquier mínimo cambio de estilo que efectúo se lo marco al autor con un comentario para asegurarme de que expresa la intención con que ha sido escrito. Hay poetas con un vocabulario muy rico y claro; otros son más rígidos y afectados y menos comprensibles. Por supuesto, siempre hay que respetar el estilo del autor, aunque puede darse el caso de que ese estilo sea casi inexistente y que la corrección corra el riesgo de acabar convirtiéndose en otra cosa.

Cuando alguna editorial me ha encargado la corrección de un poemario, ha sido de un autor con más experiencia. Entonces es cuando se nota el oficio del poeta; por eso hay que tocarlo muy poco. Lo normal es que estos textos solo necesiten una corrección ortotipográfica: dobles espacios, alguna coma que sobra o falta, comillas o cursivas claramente impropias, tildes que se resisten a eliminar, mayúsculas o minúsculas incorrectas y alguna errata. No puedo hablar de obras traducidas porque no he corregido ninguna hasta ahora.

No existen manuales específicos para corregir poesía. Hay que seguir las normas de la RAE, pero adaptarse al poema: el contexto siempre manda. El buen poeta explora y crea lenguaje. Si sabe hacerlo bien, habrá que tocarlo poco, salvo algún despiste. Por ejemplo, si el poeta ha escrito un verbo que no admite un uso intransitivo, un adjetivo desconcertante o una preposición que parece no encajar, casi seguro que no se trata de un error, sino de un juego malabar dentro de esa exploración de los límites del lenguaje. Aunque la poesía es el género literario que más licencias permite, también debe cumplir un objetivo, y no todo vale. El sentido común también es necesario para corregir poesía.

El maestro José Martínez de Sousa, en su manual Ortografía y ortotipografía del español actual, nos ofrece una información valiosa en cuanto a la correcta disposición de los párrafos, los versos, las firmas y los títulos de los poemas. Si bien los aspectos de estilo se aprenden leyendo poesía de diferentes autores y editoriales; cuanta más, mejor. En fin, soy consciente de que voy a decir una obviedad, pero a corregir poesía se aprende corrigiendo poesía.

Tal vez no haya un gran número de correctores profesionales especializados en este campo porque no abunda el trabajo ni suele pagarse de manera especial. Esto no quiere decir que se editen pocos poemarios, sino que no se corrigen muchos. Este tipo de textos exige un contacto casi permanente con el autor, algo que supone un tiempo extra de trabajo, que no suele considerarse a la hora de cobrar. Sin embargo, quienes amamos la poesía preferimos trabajar con este género literario a pesar de todo.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Modas del lenguaje: ‘y es que’

Ya he hablado aquí sobre las modas del lenguaje en los artículos «El tiempo de la climatología», «A día de hoy», «En primera persona no es lo mismo que en persona» y en «Infinitivo introductor o 'tarzanismo'». Son expresiones que podemos oír hasta el hartazgo en los medios de comunicación y se van extendiendo como una plaga.

Es el caso de y es que, una locución muy utilizada en el lenguaje coloquial. Si aguzáis un poco el oído podréis comprobar que, sobre todo en la radio y la televisión, la usan muchas veces de forma inadecuada.

El giro (y) es que sirve para expresar una justificación, un pretexto o una contrariedad: No acudiré a la fiesta… Es que estoy cansada; ¿Me das un abrazo? Es que hace tiempo que no te veo. También para especificar algo a lo que nos hemos referido antes: Tienes una virtud, y es que eres paciente; Voy a darte una buena noticia, y es que encontré trabajo.

www.elmundo.es, 19 de abril de 2016

No debe usarse y es que con valor causal, esto es, para introducir una oración que explique el motivo de algo. Os pongo unos ejemplos:
*El sábado helará, y es que bajarán las temperaturas.
*Debería hacer más ejercicio, y es que me sobran unos kilos.
*Su libro ha sido un éxito de ventas, y es que está muy bien escrito.

La Fundéu nos recomienda varias alternativas de la expresión y es que con valor causal, como porque, ya que, debido a que o la razón es que.

Estas son algunas opciones correctas de los ejemplos anteriores:
El sábado habrá heladas debido a que bajarán las temperaturas.
Voy a hacer más ejercicio, ya que me sobran unos kilos.
Su libro ha sido un éxito de ventas porque está muy bien escrito.

Todos podemos equivocarnos en el uso del lenguaje. Sin embargo, si os dejáis guiar por las modas lingüísticas, algo que a veces es inevitable porque se pegan con facilidad, aseguraos antes de que no estáis maltratando nuestro idioma.

Existen bastantes expresiones, muletillas conocidas por todos cuyo uso abusivo resulta cansino, que merecen otra entrada. Así pues, las dejo para otra ocasión. Algunas son estas: de alguna manera/de algún modo; en cualquier caso; en este sentido; entre comillas; a nivel de; la verdad es que/lo cierto es que; lo que es (y sus variantes); como muy, y mucho.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Infinitivo introductor o ‘tarzanismo’

El infinitivo introductor ha llegado a convertirse en una de las construcciones más usadas en los medios de comunicación hablados. Lo emplean periodistas, presentadores, conferenciantes, locutores de radio, políticos, e incluso escritores y profesores. Aunque en menor número, también podemos encontrarlo en textos escritos. Seguro que habréis tenido ocasión de comprobar que es otra moda muy extendida.

A este infinitivo lo han bautizado de diversas formas: infinitivo introductorio o introductor, infinitivo de generalización, infinitivo de cierre, infinitivo enunciativo, infinitivo radiofónico, infinitivo fático, infinitivo como verbo principal o «tarzanismo». El nombre que más me gusta es este último. No es normativo, claro, pero es el más simpático. Este divertido término es una acertada invención del filólogo riojano Rubén Pérez Negueruela.

El infinitivo radiofónico se utiliza como verbo principal de una oración, sin que se apoye en ningún otro verbo conjugado. Por ejemplo: *Deciros que la reunión ha sido un éxito; *Por último, agradecer la colaboración de los informáticos; *Sobre este asunto, añadir que la empresa subirá los salarios en breve; *En el apartado que nos ocupa, insistir en la fecha límite del proyecto.


Recorte de http://elminuto7.com, 26 de agosto de 2014

En los ejemplos anteriores se está elidiendo el verbo principal; por eso son oraciones incompletas, gramaticalmente incorrectas. El infinitivo nunca debe usarse como verbo principal de una oración.

Según el maestro Leonardo Gómez Torrego, este uso del infinitivo «resulta brusco y poco cortés». No puedo estar más de acuerdo con él.

Estas son algunas opciones correctas: Quiero deciros que la reunión ha sido un éxito; Por último, me gustaría agradecer la colaboración de los informáticos; Sobre este asunto, cabe añadir que la empresa subirá los salarios en breve; En el apartado que nos ocupa, es importante insistir en la fecha límite del proyecto.

No hay que confundir el infinitivo fático con el infinitivo nominal, que es correcto y realiza la función de nombre en una oración: El caminar del gato me resulta elegante; Este continuo sufrir es insoportable.

También es correcto el infinitivo verbal: Llegar a un acuerdo con ella solucionaría el problema; Decir que el caballo tiene cuatro patas es una obviedad.

En general, quienes echan mano del «tarzanismo» dicen que lo hacen por economía del lenguaje y porque prefieren elaborar un discurso impersonal o de generalización. Sin embargo, creo que muchos lo emplean por puro desconocimiento, siguiendo, como digo, una moda lingüística más.

Huid, pues, de este empleo tan desafortunado del infinitivo, que empobrece la lengua y denota un gran descuido en el buen uso de nuestro idioma.